COMENZÓ JUICIO A UN CURA, UN PORTERO Y UNA PRECEPTORA POR ABUSOS EN JARDÍN DE INFANTES DE SAN PEDRO
Un sacerdote, un portero y una preceptora comenzaron a ser juzgados ayer en los tribunales de San Nicolás, acusados de haber abusado sexualmente a cinco niños y niñas de entre 3 y 5 años dentro del jardín de infantes Belén, de la localidad bonaerense de San Pedro, durante el ciclo lectivo 2017.
Los integrantes del TOC N°2, presidido por la jueza María Elena Baquedano e integrado por los jueces Alejandro López y María Belén Ocariz, dieron inicio ayer al debate oral y público tras rechazar un pedido de suspensión del proceso efectuado por la defensa del cura, en virtud de una acción de amparo presentado el domingo a la noche y aún pendiente de resolución.
Los acusados son el sacerdote Tulio Matiussi (49); el exportero Anselmo Ojeda (61) -el único que continúa detenido con prisión domiciliaria- y la preceptora María Luján Rubíes (54), quienes llegan a juicio acusados de «abuso sexual simple agravado por la calidad de sus autores», por tener a su cargo la guarda de los menores afectados y, en el primero de los casos, por ser un ministro de culto.
«Tenemos confianza, fe en que se puede hacer justicia en esta instancia a la que llegamos después de cuatro años de mucha lucha», dijo Carla Vitali, madre de una niña que, con su relato en cámara Gesell, incriminó a los acusados.
En ese sentido, la mujer explicó que desde 2017 las familias denunciantes vienen «batallando contra vericuetos jurídicos y presentaciones de última hora para tratar de frenar el juicio, soportando agravios e intentos de desestabilización» por parte de las defensas «que apuestan a que el proceso se trabe y las familias se agoten».
«En este momento somos la voz de nuestros hijos y no nos queda otra que transmitir lo mejor que podamos de todo lo que ellos nos contaron, que fue muchísimo», agregó.
Por otro lado, se quejó de que el Obispado de San Nicolás –del que depende Matiussi- mantuvo «silencio» durante todo este tiempo, «que es lo mismo que complicidad».
«Lejos de cumplir con los protocolos que la Iglesia establecía, no nos escucharon y encima hubo agravios e intentos de ponernos a nosotros en el papel de los acusados», dijo.
«Nos sentimos muy solos porque las nuestras son comunidades muy religiosas. Pero ésta no es una cuestión de fe -porque muchos de nosotros muchos seguimos pidiéndole a Dios o la virgen que se haga justicia- ni tampoco de la Iglesia (institución) sino de personas que están dentro de la iglesia o en un ámbito educativo haciendo a los chicos cosas que no corresponden», agregó.
